miércoles, 22 de febrero de 2012

Violencia y periodismo en México: Un acercamiento desde la ética

¿Cómo informar nosotros los comunicólogos de los horrores de la violencia sin ser amarillistas?

 
 
La situación de violencia que vive el país genera nuevos retos para los periodistas y para los medios de comunicación. Un componente fundamental de estos desafíos es la dimensión ética en la cobertura periodística ante esta nueva realidad. Si la ética, como dice Gabriel García Márquez, no es una condición ocasional sino que debe acompañar siempre al periodismo; si como dice Kapuscinski, la materia prima de los periodistas son las personas, entonces en un entorno de extrema violencia las consideraciones éticas del trabajo periodístico adquieren especial relevancia.

Obligada a informar sobre la violencia como hecho de interés público que es, la prensa enfrenta ahora una situación para la cual no estaba suficientemente preparada. Ataques contra civiles, ejecuciones múltiples, cuerpos decapitados y diluidos en ácido, bloqueos de carreteras, presentaciones ante la prensa de presuntos capos, mensajes de los narcotraficantes, víctimas inocentes, enterramientos múltiples, violaciones a los derechos humanos por parte de las autoridades, son algunos de los hechos que forman parte de la agenda informativa cotidiana.

La objetividad quiere decir que la realidad es cognoscible tal como es, pero la realidad no es cognoscible tal como es porque es de muchas maneras al mismo tiempo, por lo tanto sólo la subjetividad es capaz de interpretar lo que llamamos realidad. Lo que la gente pide es imparcialidad. Yo la defiendo y le llamo honradez.

 [La prensa enfrenta] la tensión entre la verdad del dicho y la verdad del hecho. Con mucha frecuencia los reporteros no somos testigos directos de lo que ocurre y nos vemos en la necesidad de relatar lo que pasó a partir de lo que nos dicen otros. Se escucha con buena fe, suponiendo, que en principio, lo que nos dicen será cierto. Pero eso que nos narran los otros no siempre corresponde a la verdad. En el mejor de los casos es una parte de ella. En el peor, es una mentira.
 
Es común que los periodistas digan que una persona fue ejecutada. Tal palabra, que remite a la muerte de un reo que ha sido juzgado y sentenciado por un Estado, connota un homicidio si no legítimo al menos legitimado. Por eso cuando los medios dicen que alguien fue ejecutado le restan fuerza al hecho del asesinato. Lo mismo ocurre cuando se informa que alguien fue levantado para decir que fue raptado, plagiado o privado de su libertad.

Los medios han sido muy rápidos para adecuar el lenguaje y nombrar con él a esta nueva realidad, sin embargo no ha habido una reflexión suficiente en torno a las implicaciones del uso de las palabras y a establecer criterios al respecto.

El periodismo de investigación que permitiría dar cuenta no sólo de la expresión de la violencia sino también de la forma en que se articulan y operan los delincuentes, de sus vínculos con el poder, de su imbricación con la economía y la sociedad es muy escaso. El nivel de riesgo es muy alto. La seguridad y la vida de los periodistas corren un riesgo real. Los medios se han replegado puesto que no hay condiciones que garanticen la libertad de expresión en este ámbito.

http://mexicanadecomunicacion.com.mx/rmc/2012/01/19/violencia-y-periodismo-en-mexico-un-acercamiento-desde-la-etica/#axzz1n97ufB7T







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